Siempre se acaba...
Todo llega a su fin, y el veranono es una excepción. Hoy he vuelto a hacer las maletas y, aunque con pesar, he dejado atrás la tierra natal de mi padre. Desde hoy, poco a poco me iré sumergiendo en la cotidianidad, en esa rutina que en el fondo siempre tiene, o se le encuentra, algo especial.
Este ha sido uno de los mejores veranos que he pasado en el pueblo. Tres semanas llenas de sorpresas, risas, alguna lágrima,caras conocidas y rostros nuevos que han hecho de este tiempo algo especial que seguro recordaré. En otras ocasiones, cuando paso allí cierto tiempo, siento la necesidad de volver, de ver a la gente de todos los días, de volver a dormir en mi cama... pero ésta, esta vezha sido diferente. No me hubiera importado quedarme allí unos días más, tal vez una semana o incluso un par, pero el deber es el deber y... en fin, ahora toca estudiar.
Estoy contenta porque me llevo grandes momentos,fuertes recuerdos, y la esperanza de que, pese a la dificultad de la distancia, volveré pronto.
¡Bienvenidos, a todos los que como yo, volvéis en estos días de nuevo a la normalidad!

