Buen ambiente, bailables, bebida y demás parafernalia a cargo de San Fermin
Somnolienta, cansada, afónica, con olor a... -la verdad, prefiero no saberlo-, con un pañuelo rojo atado al cuello, y con una sonrisa de esas que aparecen a las 8 de la mañana, cuando crees que ya se te ha bajado todo lo que has bebido esa noche pero te das cuenta de que no es así, te das cuenta de que aún hay alcohol en tus venas, o mejor dicho, empieza a aparecer sangre en el alcohol. Así he aparecido hoy en mi querida ciudad. Ha sido gracioso: lunes, 8 de la mañana, la ciudad amanece mientras pequeños grupos de personas dan las buenas noches.
El domingo, a eso de las cinco de la tarde, dos jovencitas llegábamos a Pamplona. La estación de tren estaba llena de gente que dormía por las esquinas, cantaba... todo era rojo y blanco. Acostumbrada a la sobriedad que hay allí durante el año, no pude evitar sorprenderme. ¡Qué diferente está la ciudad en estas fechas! Las dos solas, sin rumbo fijo, decidimos tumbarnos sobre la hierva de la ciudadela, lugar de descanso para muchos otros fiesteros que, sin duda alguna, ya habían tenido la oportunidad de disfrutar de los encantos de la noche pamplonica. Cuatro horas después, llegaron los dos amigos que faltaban. Ya estábamos todos. Risas, bebida, comida, buen ambiente... así pasó la tarde hasta las once, hora en la que el cielo se tiñó de color con los maravillosos fuegos artificiales. Espléndidos. Después fuimos a las barracas y finalmente,llegamos al casco viejo, donde yo, estudiante en Pamplona, debía guiar a mis amigos hacia los mejores lugares, los más marchosos, lugares que... seamos francos, no tenía idea de donde estaban. Sólo contábamos con la suerte de que perdernos, no nos perderíamos. Terminamos pasando la mayor parte de la noche por los bares de San Nicolás. Los mejores momentos: en la calle, en la puerta de los bares bailando, hablando con gente... Más tarde, fuimos por la zona de Jarauta. Me habían dicho que por allí había mucho ambiente, buena fiesta, pero lo que nos encontramos dejó mucho que desear. No sé si aparecimos en la peor zona de todas, o simplemente es así. No había recibido codazos y empujones en toda la noche hasta llegar allí; no había visto vomitar a nadie hasta llegar allí; no había visto un amago de pelea hasta llegar allí. En fin, qué os voy a contar. Nos fuimos en cuanto pudimos.
Llegó la hora de volver. La estación de autobuses estaba llena de gente que al igual que nosotros, habían terminado la noche y deseaban ir a sus casas. Ha sido un fin de semana inolvidable: el sábado fue uno de esos días en los que te apetece poco salir, piensas que te vas a ir pronto a casa y resulta que la noche es mejor que ninguna otra, y ayer para rematar, una de las mejores noches que he pasado en Pamplona. ¡Viva San Fermín!

Sé que me lo he pasado así gracias a una persona muy especial. Sé que aunque hubiéramos estado ella y yo solas, nos lo habríamos pasado genial igualmente. Sé que ella piensa lo mismo y sé que las dos estamos deseando repetir estas noches juntas en las que se pone de manifiesto nuestra complicidad. Gracias por todo.




rita dijo
¿No fuisteis a ver el encierro?
¿No hicisteis una visita a San Fermín?
9 Julio 2007 | 08:57 PM